domingo, 6 de agosto de 2017

Wild control

Hace unos minutos he leído un tweet que rezaba: "Una chica le pide matrimonio a su novia en pleno concierto de Amaral y casi lloro".

El vídeo que se adjuntaba, cuanto menos emotivo, muestra el beso posterior a la euforia; un beso que debe saber diferente, un beso con sabor a "sí quiero".


No pretendo quitarles el mérito, todo lo contrario, sino alabar las agallas que hay que tener para vivir acorde a lo que eres en un mundo en el que tan pronto todo lo diferente se ve bien y se acepta como al día siguiente ya no, incluso se persigue y se acaba con ello.
Sin embargo, ejemplos así inspiran en lo más profundo de mí una clase de sentimientos no encontrados a los que me cuesta poner nombre. Ha llegado un momento en el que parece que si no cambias como ellos, si no evolucionas, si no "sigues la moda" no estás haciendo bien las cosas.

Y es que, al igual que alabo la valentía de aquellos que, siendo diferentes, viven su vida con la mayor dignidad posible y sin molestar al de al lado, también alabo a aquellos que, siendo lo opuesto a diferentes, son capaces de hacer lo mismo sin "ir a la moda".


Por ellos. Y para que nunca alcancemos lo que merecemos.



SEGUIMOS SOÑANDO.

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