lunes, 7 de agosto de 2017

Run (I)

Suena el teléfono.


Hola, cuánto tiempo. ¿Qué tal estás?

Me siento mal por llamarte solo cuando te necesito.

Sabes que estaré aquí cuando me necesites.

Es una carga que no te corresponde llevar.

Deja que sea yo quien decida eso, ¿no?
Cuéntame anda.

Siento una irremediable e irrefrenable atracción por lo que yo misma me prohíbo. Cosas que para ti o cualquier otro no significarían más que pamplinas. Quiero acercarme a ellas, hacerlas mías. Lo quiero porque yo misma me digo que no es lo que debo hacer, como si fuera a sentir algo especial por hacerlo. Pero termino sintiendo siempre lo mismo, lástima.
Desde la perspectiva más alejada del victimismo, siento lástima de mí, siento lástima por mí.

Cuanto más piensas en alejarte de ellas más te llaman, ¿verdad?

Cuanto más trato de no pensar en ellas más me cuesta obviarlas, más me cuesta cada segundo alejado de ellas.

¿Has pensado vivir a su lado? Vivir con ellas, hacerlas tuyas, con un control especial, con un control hecho a tu medida, para que así te dejen en paz un tiempo. Como si te aliases con el enemigo para que cesen sus ataques y así poder planear la estrategia para vencerle de una vez.

Si lo hago, ¿no me estaría fallando a ti misma?

Y si no lo haces Clara, ¿no te estarías fallando a ti misma?


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