miércoles, 2 de agosto de 2017

Ese banco

Y te rompes.
Y no importa. 

Una farola, bajo la que hace un año cantabas y bailabas a la luna.
Un banco, en el que te desnudabas día sí, día también. 
Te desnudas en alma, deseando que alguien entienda, que alguien comprenda.


Pasan los años y nos preguntamos: ¿por qué?
No merezco ninguna oportunidad, no merezco quererte.
O eso al menos quedó grabado a fuego en mi piel. 


Verano fatídico aquel.
Perdí mi mayor mitad, perdí cuando ni siquiera aposté. 

Mientras tanto solo supe suplicar que volvieras, quizá mi error fue no quererte más aún, a pesar de seguir sin merecerte.

Herida abierta, herida del pasado, mal cerrada.
Dolor enmascarado por el agrio presente.

 Y ahora no sabré si tu mirada seguirá estando vacía cuando tus ojos me miren. Y ahora no sabré si me has echado de menos o si ha sido todo obra del destino.
 Mientras tanto, intento cerrar heridas abiertas que a todos dejan indiferentes.

Que nadie conoce el daño que causaron mis cicatrices.
Que nadie sabe y yo me pregunto si alguien algún día querrá saber.
Si le importará alguna vez a alguien.

Quizá se borren para cuando eso suceda. 
Porque aunque duela tocarla, la herida se coserá.

Tendré que ser yo.
No queda nadie más que yo en este momento.

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