miércoles, 28 de septiembre de 2016

Socio

Nunca comprendí el significado de "si lo amas, déjalo ir" hasta hoy. Y así es, te vas. Te me vas.

Tampoco sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, pero yo te pierdo. Es como si una parte de mí fuera a coger el mismo avión que tú hoy. Una parte muy grande, demasiado grande. No por las vivencias, que no son pocas, ni los viajes, ni los veranos y años juntos, ni nuestras partidas de mus, ni nuestras canciones; es porque te vas tú y aún no lo he asimilado.

Hace ya dos meses que lo intento, que intento darme cuenta de que era inevitable que llegase el día de hoy. Supongo que no esperaba más que saber acolchar la caída pero no he sido capaz.

Ya no habrá más noches de locura que solo tú y yo comprendemos, ni conversaciones que deriven en el cupra o "el negro".
Ya no habrá más manos por fuera del cristal a velocidades indecentes.
Ya no habrá más copas cargadas como solo tú eres capaz de aguantar.
Ya no habrá indirectas odiosas, de esas que tan solo nosotros entendemos.
Y por entender, tampoco nuestras señas o nuestra incomprensible forma de entendernos con tal de mirarnos a los ojos dos segundos.
Ya no habrá más Micra.
Ya no habrá mas Detroit vs. everybody ni Medias tintas a todo volumen mientras volvemos a casa.

¿O sí?

No se me dan bien las despedidas, pero es que esto no es una despedida. Es un "hasta mañana". Un "hasta mañana" que llegará mucho antes de lo que pensamos.

Quizá querer no signifique más que apoyar las decisiones de esa persona con la mayor de las sonrisas, muchísima suerte en esta nueva etapa, en este nuevo capítulo. Pero solo uno, ¿eh? No quiero mal acostumbrarme a no escribir en el único libro que sé que merece la pena.


Seguimos soñando.


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