miércoles, 20 de junio de 2018

Tercero

Hoy es uno de esos días en los que por bien que salgan las cosas, se siente vacía, se siente triste, y nada lo consigue cambiar.
Le da la sensación que vive su vida en tercera persona, como si ni quiera fuera la protagonista de su propia historia.

Piensa que puestos a errar, mejor tomar el menor número de decisiones, así será habrá menos fallos, menos fallos decepciones. Pero tampoco funciona, ni aun así se salva de estropearlo todo, una vez y otra, fracaso tras fracaso.

Lo que a ella más le duele es que por mucho que se esfuerce, no nota mejoría. Sabe que de los errores se aprende, y trata de no cometer nunca el mismo, pero hay miles por cometer, y parece que vaya a cometerlos todos antes de hacer por una vez bien las cosas.

También le duele que la mayoría de esos errores no sólo carguen a su espalda, sino a la de quienes más le quieren. Aún así, ha llegado un punto en el que los demás ya no comparten sus penas, sencillamente son solo sus penas; se ha encargado de ir echándolos poco a poco. Se ha encargado sin darse cuenta de ir echando a quienes más le querían, y al final... al final está sola.

Otro error más a la lista.


Seguimos soñando.

Segundo

Desde pequeñito he sentido una enorme admiración por toda esa gente que acepta su destino, sea el que sea.

Y mucho mayor era la admiración en virtud de cuán malo fuera dicho destino, o mal lo viera yo.

En películas, y seguro que en la realidad también, muchas personas eran condenadas a muerte y eran ellos mismos quienes se acercaban a aceptar su destino, con resignación, pero también con obediencia.

Es curioso que, creas o no en el destino, también termines aceptándolo. Todos lo hacemos. Incluso por aquellas cosas por las que prometimos no arrodillarnos, terminamos incando la rodilla en el suelo.

La condena a muerte hoy en día ya no es la soga o la guillotina, es todo aquello que día a día toleramos.

La definición de tolerar es, a grandes rasgos, que sabes que hay algo que no está bien pero lo aceptas, porque aceptarlo es más sencillo que luchar contra ello.

¿Para eso estamos aquí, para tolerar ese tipo de cosas?

Llega un momento en el que no solo las toleramos, sino que ligamos a ello nuestro propio estado de ánimo.

Pensemos con cordura, pensemos. ¿Vamos a tolerar que un mísero examen, una prueba médica, una reunión o lo que sea, da igual, nos amargue la vida?


SEGUIMOS SOÑANDO.

martes, 19 de junio de 2018

Primero

Veo las cosas tan lejos que ya no sé si soy yo o son ellas. Algo falla.

Esta semana, aún sin empezar, va a ser una de esas zonas bajas de la montaña rusa. Como en la vida, ella no para; no hay descanso, no hay tiempo para asimilar, no hay papel en el que desahogarse antes de que llegue lo siguiente que apuntar.

He pensado eso, que a partir de ahora dibujaré mi montaña rusa. Adiós a tanto pensamiento, hola a una nueva manera de representar el dolor.
Mientras mi otro yo me daba la idea me preguntaba hasta qué punto empiezo a perder la cordura... Hasta que lo he pensado y puede que no lo esté haciendo. Puede que no sea tan mala idea.


SEGUIMOS SOÑANDO.